La importancia de las velas en el Altar de Muertos
En un Altar de Muertos hay flores, fotografías, comida, agua, papel picado, aromas y recuerdos.
Pero hay un elemento que lleva siglos acompañando las prácticas relacionadas con la muerte en México y que, incluso hoy, sigue teniendo un lugar especial:
el fuego.
Una vela encendida no es simplemente parte de la decoración del altar. Su presencia está relacionada con una tradición mucho más profunda.
La luz que acompaña el camino
Dentro de las tradiciones del Día de Muertos, las velas y veladoras se han asociado con la luz que guía a las almas durante su regreso al mundo de los vivos.
La llama crea un punto de luz dentro del altar y, simbólicamente, acompaña ese camino de regreso.
Por eso es común encontrar varias velas encendidas alrededor de las ofrendas.
Y aunque hoy conocemos esta tradición como parte del Día de Muertos, su historia es resultado del encuentro entre distintas culturas.
Una tradición que se transformó con el tiempo
Las celebraciones contemporáneas del Día de Muertos tienen raíces indígenas, pero también incorporaron elementos de las tradiciones católicas introducidas durante la época colonial.
Las velas y veladoras forman parte de ese encuentro cultural.
El fuego ya tenía un significado importante en distintas prácticas de los pueblos originarios y, posteriormente, las velas adquirieron también significados vinculados con las prácticas religiosas europeas.
Con el paso del tiempo, estos elementos se mezclaron y dieron lugar a muchas de las formas en que actualmente construimos nuestras ofrendas.
¿Por qué se colocan varias velas?
No existe una única manera de construir un Altar de Muertos.
Dependiendo de la región, la comunidad y las costumbres familiares, la cantidad y disposición de las velas puede cambiar.
En algunas tradiciones, el número de velas tiene un significado particular y puede relacionarse con las personas fallecidas a quienes está dedicada la ofrenda.
En otras, simplemente forman parte de la iluminación del altar.
Esto es importante porque el Día de Muertos no es una tradición idéntica en todo México.
Cada región y cada familia puede vivirla de una manera diferente.
El fuego también transforma el espacio
Hay algo que ocurre cuando enciendes una vela que difícilmente puede conseguir cualquier otro elemento decorativo:
el altar cambia.
La luz de la llama transforma los colores, genera sombras, acompaña las fotografías y hace que el espacio se sienta distinto.
Y ahí aparece otra razón por la que las velas siguen teniendo tanta presencia en las ofrendas actuales.
No solamente aportan un significado simbólico.
También crean una atmósfera.
De una tradición a una creación artesanal
Para quienes hacemos velas, el Día de Muertos también representa una oportunidad para crear desde nuestra propia cultura.
Cempasúchil, copal, frutas, pan de muerto, calaveras, papel picado, colores intensos, barro, textiles…
México tiene una cantidad enorme de símbolos, aromas, materiales y formas que pueden convertirse en inspiración.
Y quizá esa sea una de las cosas más bonitas de hacer velas:
tomar algo que forma parte de nuestra memoria cultural y reinterpretarlo con nuestras manos.
No para convertir una tradición en una tendencia, sino para seguir creando a partir de ella.
Este Día de Muertos, enciende algo más que una vela.
Enciende una creación que tenga historia, intención y un pedacito de aquello que hace nuestra cultura tan particular.
Porque algunas tradiciones no solo se recuerdan.
También se mantienen vivas con las manos que siguen creando.